Agresiones a personal de seguridad y sanción.

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La condición de agente de la autoridad ampara a partir de la nueva Ley de Seguridad Privada a los vigilantes en caso de agresión.

Del blog que edita el Sindicato Profesional de Vigilantes, me llega el siguiente resumen informativo de las sanciones interpuestas por la Comisión Antiviolencia en estadios de fútbol:

  • Sanción de 5.000 euros y 12 meses de prohibición de acceso a un aficionado del Athletic de Bilbao por agredir a varios vigilantes de seguridad que precisaron de asistencia sanitaria.
  • Sanción de 2.000 euros y 3 meses de prohibición de acceso a un aficionado que insultó a los agentes de policía en las inmediaciones del Sánchez Pizjuan.
  • 3 sanciones de 3.001 euros y 6 meses de prohibición de acceso a cada uno de los aficionados que en el Real Madrid-Sporting participaron en una pelea dentro del campo.
  • Sanción de 1.500 euros y 3 meses de prohibición de acceso para un espectador del Granada-Celta por exhibir una bandera con signos que incitaban a la violencia.
  • Sanción de 1.500 euros y 3 meses de prohibición de acceso para un espectador por alterar la seguridad ciudadana durante el Cádiz-Celta al animar a los aficionados locales exaltando su condición de grupo radical y violento y por insultar y lanzar material pirotécnico a los agentes policiales.
  • 2 sanciones de 3.001 euros para dos aficionados, uno por saltar al campo y agarrar al árbitro de un brazo en el partido Llosetense-Atlético Levante y otro por lanzar una muleta que cayó junto al árbitro asistente en el Talavera-Real Unión. Ambas con 6 meses de prohibición de acceso a instalaciones deportivas.

Como vemos, la Ley del Deporte funciona y lo hace desde hace tiempo sin que nadie se eche las manos a la cabeza. Debe entender todo el mundo que estas sanciones son justas, apropiadas y proporcionales a la acción realizada por los sancionados, ya que no se han visto manifestaciones ante el Parlamento como en el caso de la nueva Ley de Protección de la Seguridad Ciudadana.

Debates políticos aparte, sirva este ejemplo para dejar sentado algo que deberíamos tener claro ya. Que nadie está obligado a aguantar los insultos, escupitajos y agresiones de otros por llevar un uniforme y hallarse realizando un trabajo que, quiero recordar, se hace en beneficio de todos. Entre estos uniformados incluyo a sanitarios y bomberos que muchas veces se enfrentan también a este tipo de situaciones por el mero hecho de ir a atender emergencias en zonas de fiestas, botellones y demás. Ignoro si esto sucede en más países, pero no creo que en ninguno queden impunes tales comportamientos, ni que haya partidos políticos que convoquen movilizaciones contra el derecho que la sociedad tiene a castigar tales comportamientos.

Al final, no es cuestión de Código Penal, sino de reeducación. Y qué mejor lección que una multa, alta y que duela, para aquellos que amparándose en el anonimato cobarde se dedican a agredir a otros y suelen tomar a los agentes de seguridad como muñecos del pim-pam-pum.

Por otro lado, a partir de la nueva Ley de Seguridad Privada y parece que su Reglamento va también en esa linea, las agresiones a vigilantes de seguridad llevarán implícita la etiqueta de ser agresiones a agentes de la autoridad en ejercicio de sus funciones, lo cual nos sitúa automáticamente en un escenario de agravación de las penas, pudiendo conllevar ingreso en prisión, y de las cuantías económicas de las multas.

Al final es un debate ficticio porque el que decide agredir toma una decisión consciente y voluntaria. Por lo tanto, que se atenga a ella.  Qué quieren que les diga, pero a mí estas sanciones me parecen de puta madre.

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Incidente sin importancia: Vigilantes obligan a desnudarse a una clienta de El Corte Inglés.

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No aprendemos, no. Información fechada el 30 de julio sobre hechos ocurridos el 28: “Una cliente denuncia vejaciones en El Corte Inglés al obligarla ilegalmente a desnudarse tras una falsa acusación de robo”. Quienes la obligaron a desnudarse a la señora fueron los vigilantes de dicha superficie comercial. Desde luego lo de ilegalmente está claro porque ya ni en las comisarías se pone a la gente en pelotas.

Casi ni me importan los detalles de si la mujer había sustraído la ropa o no, que al final fue que no, ni que fuera lencería, gorros de baño o brochas para pintar al óleo. Doy, además, por buena la noticia ya que procede de un informativo serio y nadie la ha desmentido. Además, cosa inusual, la mujer posa para la foto con la denuncia interpuesta a las puertas del juzgado.

Al parecer, todo se torció. Carmen H., que así se llama, anduvo probándose sujetadores, esa prenda maravillosa cuyo uso favorece casi tanto como no usarla, y al final decidió no comprar ninguno. Al salir, un vigilante la paró, afirmando que su comportamiento le había infundido sospechas. Primera cagada. Hay que consultar la Ley de Enjuiciamiento Criminal para darnos cuenta de que por sospechas solo puede detener la policía. Y si alguien piensa que esta mujer no fue detenida en ese momento, atentos a lo que sigue.

La cosa se complica cuando otro vigilante descubre un puñado de etiquetas al parecer desprendidas de otras prendas y deciden colgarle el “consumao”, que decían los policías cuando Franco, a la señora, que a estas alturas se lo toma todavía a bien, como que no va con ella. Segunda pifia. Si no lo has visto, si no lo tienes grabado en las cámaras o tienes alguna otra prueba material, cállate aunque estés medianamente seguro. Recaba más información antes de realizar una acusación en firme. ¿No ves, ignorante de la vida, que si es culpable y tu acusación no está fundamentada le estás dando datos y tiempo para buscarse una coartada? Luego te resultará más difícil establecer el vínculo probatorio.Es de primero de cartilla Palau.

A continuación un clásico, el traslado de la señora rodeada de vigilantes (no vaya a huir a Francia por la muga) a un lóbrego cuartucho, sin testigos, donde tres hombres y una mujer insisten en la acusación y le dicen que se tiene que desnudar pese a que la atribulada Carmen H. insiste en que ella no ha hurtado nada. Al final, los hombres salen, gracias a Dios y, ante la presencia de una vigilante femenina, se quita la ropa y ¡oh, sorpresa! no lleva nada. “Nada mujer, perdone las molestias, ¿ve como no era para tanto?” imagino que le dirían a la salida. Como en el médico. Supongo que no le revisarían las cavidades anal y vaginal entendiendo inteligentemente que ahí no cabrían tantas prendas. Menos mal que no le consideraron sospechosa de haberse llevado un anillo.

Que no se puede, joder, que no se puede hacer eso. Que te denuncian. Que te cae la ruina. Que en estos casos, si uno está convencido, se le pide a la señora educadamente que nos muestre el bolso y en última instancia se llama a la policía local y que vengan  a realizar el cacheo oportuno si es que hiciera falta. Y gasten palique hasta aburrir al sospechoso, que seguro tiene más prisa que el vigilante, dobléguenlo por aburrimiento. Y busquen testigos de sus actuaciones, aunque sea en una cámara de grabación, porque ustedes actúan bien y los únicos que no quieren testigos son los delincuentes, ¿tan difícil es de entender? Aunque ya sé que cabe realizar cacheos en base a faltas penales, no delitos, tal como está el patio se lo ruego de rodillas si hace falta, no cacheen a nadie si son vigilantes a no ser que haya una de estas dos justificaciones: que se trate de ocupar instrumentos peligrosos para la integridad de las personas o que la cosa presumiblemente sustraída tenga un alto valor y exista riesgo de que, si no se hace, no llegue a encontrarse. Ningún juez les recriminará por ocupar un pincho en una pelea ni por haberle sacado de la entrepierna un reloj de veinte mil euros a un chorizo. Pero esto …, les condenan fijo, a poco o a mucho, pero van para adelante. Y no deben ustedes, pienso yo, ir a trabajar por un sueldo de mil euros para tener que estar preocupados luego por si tienen que pagar una indemnización del triple o quedarse en la calle con una mano detrás y otra delante.

Ahora yo me pregunto también: pero estos vigilantes, ¿no tienen superiores que les indiquen como actuar en casos tan habituales? ¿no les han dado formación sobre como abordar esos incidentes del día a día? Entonces, ¿qué les han dicho? Coño, que están en Salamanca, cuna de la sabiduría. Al final, la responsabilidad de lo que uno hace en este trabajo es de uno mismo, lo dice la ley, otra cosa es de quién sea la culpa. Y esta hay que buscarla más arriba, en el deficiente sistema de formación de que disponemos en Seguridad Privada, ese que hace que la mitad de la misma se imparta deprisa, corriendo y mal solo para que te pongan un sello en la cartilla y que la otra mitad ni se imparta siquiera.

Y no me digan que en la policía también cuecen habas que ya lo sé, pero como diría el detective Philip Marlowe, esto cada vez se parece más a un burdel de Bangkok. Y no es que yo haya estado nunca en Bangkok, ya me entienden.

 

P.D.: Para cualquier consulta profesional, este blog dispone de un apartado al que pueden dirigirse. Si se encuentran solos y desamparados en la profesión, úsenlo antes de liarla.

 

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DE LA BUENA Y DE LA MALA FAMA. El caso Torrevieja.

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Aunque se ha conocido la semana pasada, parece ser que los hechos sucedieron el 30 de diciembre. El relato resumido sería, según distintos medios, el siguiente: Un matrimonio francés con dos menores se encuentra pasando unos días en Torrevieja y deciden ir a comprar a un supermercado. Al salir, se activa la alarma y los vigilantes revisan los bolsos sin encontrar nada. Como esto es así, deciden trasladarlos a un cuarto donde sin saberse muy bien cuál es el motivo que lo desencadena, son reducidos, esposados y golpeados los dos padres en presencia de los menores, uno de los cuales lo graba todo con su teléfono móvil. En las imágenes se ve claramente a un vigilante sujetando por el cuello al hombre y a otro golpeando con el puño a la mujer. Algunos de los golpes son posteriores a su esposamiento.

Repito, es lo que dice la prensa y lo que se ve en las imágenes. A partir de ahí, las redes sociales, calentitas, hierven de comentarios a favor y en contra, más en contra, claro de la actuación de los vigilantes. Quiero dar mi opinión e ilustrarla con algo de meollo legal. A algunos no gustará, otros acaso la acepten como lo que es, una opinión más. Pero yo creo que si de algo no soy sospechoso es de tirar contra el vigilante a la menor oportunidad. Quien me conoce sabe que más bien lo contrario.

El asunto, en este caso y pese a lo que dicen algunos, no depende del contexto. Haya pasado lo que haya pasado en torno a un presunto hurto, esas imágenes nunca debieron producirse. Nunca un vigilante uniformado debió agredir a una madre ante sus hijos. No se ven en las manos de ella ni armas ni una feroz resistencia física. No hay proporción.

Si se trataba de un hurto, de una falta de hurto, entonces no procede la privación de la capacidad ambulatoria de una persona al menos de esa forma que es trasladando a una familia con menores a un cuarto cerrado ausente, como se ve, de toda garantía de derechos. La ley es muy estricta con las garantías de los derechos fundamentales y más en el caso de menores. Meterse una cosa en la cabeza por favor: para un vigilante siempre es mejor que haya testigos de su actuación. Por otro lado, como argumentaba un juez sobre ello, la Ley en ningún sitio dice que un vigilante pueda realizar un cacheo aunque, esto lo digo yo, tampoco dice que no se pueda. Y recuerdo que el cacheo no es solo la palpación de una persona sino también el registro de los efectos que porta consigo. Mirar un bolso es, técnicamente para la Ley de Enjuiciamiento Criminal, un cacheo. En esa revisión, por lo visto, no se encuentra nada al matrimonio y, aún así, se decide el traslado al citado cuarto, ¿en base a qué?. Que la familia, franceses que a lo mejor desconocen el castellano y puede que ni siquiera entiendan muy bien lo que está pasando, una vez en el cuarto, no quieran quedarse allí y exijan irse, es absolutamente comprensible y están en su derecho, pues por una falta, como ya he dicho, no puede ser detenido nadie que tenga domicilio conocido y esté plenamente identificado. Otra cosa es que tuvieran que esperar la presencia policial, si la sospecha de los vigilantes es fundada. Y, finalmente, los golpes a la madre, que no sabemos a qué obedecen, parecen tener el único objetivo de doblegarla y que siga permaneciendo en el cuarto. Muy difíciles de justificar, en cualquier caso.

Yo creo que la intervención, y lo digo con dolor, es abusiva. Y creo que ese tipo de comportamientos son los que luego los detractores de esta profesión, en la que a veces uno se juega la vida por novecientos euros, aprovechan para hacer todas las declaraciones negativas que estamos viendo a diario. ¿Se acuerdan de las imágenes de los telediarios con vigilantes abofeteando a menores e indigentes en el metro de Madrid? Yo si. Hay cosas, como esta y como aquellas, que no dependen, como digo, del contexto porque la imagen, que vale más que mil palabras, canta. Si queremos ser profesionales y que nos consideren como tales, no se puede tapar todo. Hay que actuar bien y admitir cuando algo no es correcto.

Además, y aunque suene egoísta, una intervención de ese tipo es una desgracia para el que la lleva a cabo, además de para todo el colectivo. También para la empresa, que es la que nos da de comer aunque poco y mal, y para la buena fama del cliente, que es el que da de comer a la empresa. Basta imaginar las consecuencias laborales y penales que puede acarrear a esos dos vigilantes el incidente. Aquí me temo que se va a hablar de todo, no solo de las lesiones de los  progenitores, que no parecen muchas, se va a hablar del daño moral, de racismo, de que los hijos han sufrido daños psicológicos, de que la embajada francesa pide al Ministerio que  haga justicia … Malo. No podemos permitirnos el lujo de que nos pase esto y el día que hemos ido a trabajar volvamos a casa con la vida profesional hundida. Ni nosotros ni nuestras familias lo merecemos.

No conozco a esos dos vigilantes, no se si son buenas o malas personas, no los condeno tampoco porque no soy juez y porque todos podemos equivocarnos. Espero, además, que tengan una buena defensa jurídica porque la van a necesitar. Y, sobre todo, espero y confío en que sirvan de ejemplo de lo que no puede volver a pasar. Por el bien de todos.

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EL PROYECTO DE CONTAR LA HISTORIA DE LOS ESCOLTAS EN EL PAÍS VASCO.

"Una pistola y veinticinco balas", el libro.
“Una pistola y veinticinco balas”, el libro.

La historia de la labor realizada por los escoltas privados en el País Vasco durante los años previos a lo que hoy parece el fin del terrorismo de ETA, tiene elementos dignos de ser contados y que la gente los conozca. Además de muchas anécdotas de todo tipo, desde las más simpáticas a las más terroríficas con muertos de por medio, esos años constituyen una parte importante de la historia, con mayúsculas, de Euskadi y de España. Nada menos que la que coincide con el fin de una época que ha durado cincuenta años, que son los que hace de la fundación de la banda terrorista.

No sé si dentro de diez, veinte o treinta años los historiadores escribirán sesudos estudios sobre ello o si incluso se harán películas que, creo yo, serán de tiros, intrigas y mucha acción. Pero hoy por hoy, nadie habla de ello. Parece que se ha olvidado que aquí se mataba a la gente y que llegó un día en que algunos ciudadanos no podían caminar solos por la calle.

Por eso, en el mes de agosto de este año que se va, en un pueblo de Extremadura en el que no hay otra cosa que hacer durante las horas de sol que dejar pasar el tiempo, se me ocurrió comprar un cuaderno y un bolígrafo y empezar a escribirla yo, que ni soy escritor ni historiador, sino un mindundi que trabaja en esto. Confieso que me da un poco de vergüenza decir que estoy escribiendo un libro como este porque, aunque he escrito otros, la tarea no es comparable y creo que me queda grande. Ahora, de una cosa estoy seguro. La forma en que yo veo las cosas que aquí han pasado está más cercana a las gentes que va dedicado que lo que puedan escribir los mejores escritores. Porque yo, que no soy escolta, he vivido entre ellos, les he entrenado y les he enseñado a algunos el oficio lo mejor que he podido. Como no han matado a ninguno, me doy por contento aunque podría haberlo hecho mejor.

Llevo ya varios capítulos escritos, como un tercio del libro. La tarea es ardua y me di un año para concluirla, o sea, hasta agosto. Ahora presento el proyecto y lo someto a debate público. Me gustaría tener la colaboración de los que trabajaron en ello, de los protegidos y de todo el que crea que puede aportar algo. Y una cosa muy importante, que me digan qué habría que contar porque, aunque yo lo tengo claro, siempre es bueno que haya sugerencias. Ya advierto que no tengo por qué hacer caso, que para eso firmo yo. Pero las agradeceré de todas formas.

Y ya, sin más dilación, el que quiera ver el resumen del proyecto que he preparado, que pinche el enlace:            avance libro

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UNA PISTOLA Y VEINTICINCO BALAS, EL LIBRO. Solicitud de colaboración.

Portada provisional del libro

Portada provisional del libro

Hace un año más o menos, el 13 de diciembre de 2012, escandalizado por el trato infamante que a mi juicio habían recibido los escoltas tras el fin de la violencia, escribí en este mismo blog un artículo que titulé UNA PISTOLA Y VEINTICINCO BALAS y que pretendía ser un modesto homenaje a estos profesionales. Recibió muchas visitas (aunque nada parecido a las diez mil en un día que he llegado a recibir hace poco) y algunos comentarios que me emocionaron por venir de personas a las que yo profeso un enorme respeto.

A instancias de algunas de ellas, que me pedían dejar constancia por escrito de las vivencias de aquellos días en que sirvieron como escoltas en el País Vasco, en el verano de este mismo año comencé la ardua tarea de escribir un libro que recogiera esta parte de la historia reciente, que es en cierto modo la historia no contada del fin del terrorismo en este país. A mi me gusta escribir, por eso tengo un blog, e incluso he publicado varios libros pero esto es otra cosa. Hasta ahora solo he publicado en formato de libro temarios para opositores, cositas sobre instrucción de tiro, … nada de importancia. Y unos cuantos artículos en revistas del mundillo.

Quiero que todo el mundo entienda que no soy escritor ni me las doy de tal y que para cada página que llevo escrita he sudado tinta china. Pero como nadie ha hablado ni hablará de las experiencias de estos profesionales durante los quince o veinte años que han estado en el ojo del huracán, creo que es justo que tengan su libro. A fin de cuentas Urdangarín y Bárcenas ya tienen el suyo. Y hasta Belén Esteban, esa que mata por su hija, ha escrito uno dicen que con la fina prosa y elocuente vocabulario del que suele hacer gala en la televisión. Las ventas, por lo visto, se multiplican hasta el infinito y más allá.

Yo soy más modesto y no aspiro a tanto aunque ahora también salgo por la tele de vez en cuando. Solo quiero escribirlo y que lo lean los del gremio y algún protegido. Respecto de la publicación, no me como la cabeza. Paso de mi editor habitual por diferencias con el formato de edición, que lo quiere hacer en plan libro de oposiciones, y no se si voy a tener ganas de empezar a enviarlo a otras editoriales. A lo mejor me lo edito yo mismo, pongo la pasta, hago una tirada y a ver qué pasa. O pido colaboración a cambio de mandar ejemplares, así los vendo ya sobre pedido y no arriesgo. Ya veremos.

Pero lo que necesito ahora es colaboración: quiero recabar vivencias de gente que haya sido escolta o lo sea en la actualidad. Anécdotas, fotos, documentos, contratos de empresa, cualquier información que me ayude a contar su historia. Uno de los anexos contemplo que recoja los números profesionales de todos aquellos que colaboren y quieran figurar en el libro,  así como los servicios que prestaron. Es lo menos y la verdad es que me gustaría que hubiera muchos porque al fin y al cabo es un tributo para ellos.

Vuelvo a atreverme a pedir que se comparta este post, ya que tan buenos resultados dio la última vez que lo hice y que quien desee aportar algo, me lo haga saber en la siguiente dirección de correo: libroescoltas@yahoo.es

Y así, a lo tonto, a lo mejor un día hacen la película.

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IDENTIFICACIÓN DEL VIGILANTE ANTE LOS CUERPOS Y FUERZAS DE SEGURIDAD. ¿TIP o DNI?

Documentos: Primera lección

Documentos: Primera lección

Centro comercial de Bilbao, hora punta. Un vigilante acaba de detener a un joven por un robo con intimidación cometido sobre otros jóvenes. El vigilante, conforme a lo que le manda la Ley de Seguridad Privada, tras impedir el delito y asegurar al delincuente, avisa a la Policía Local. Personada una patrulla, se hace cargo del detenido y solicita la identificación del vigilante para la confección de las oportunas diligencias que serán remitidas al juzgado. El vigilante le facilita su número profesional exhibiendo la Tarjeta de Identificación Profesional con el membrete del Ministerio de Interior. “Eso a mi no me vale para nada”, le suelta el policía, “muéstrame el DNI”. El vigilante le hace ver que esa es su identificación oficial y que en ella figuran todos los datos que se precisan para su correcta identificación. “O me enseñas el DNI o vienes detenido”. El vigilante cede y muestra el documento requerido por el policía que, imagino, se marchará ufano y orgulloso de haber puesto al ignorante segurata a la raya.

Acaso no sepa el policía que acaba de delinquir, o casi. La Ley de Enjuiciamiento Criminal, que debería conocer, dice que un ciudadano puede identificarse por cualquier medio que al agente le ofrezca fiabilidad sobre los datos de su personalidad. Además, debería saber que hace años que nadie está obligado a portar el documento nacional, solo a identificarse, siendo los agentes los que deben realizar las oportunas indagaciones de comprobación de datos. Por cierto, seguramente ese mismo policía habrá dado por bueno el número que, de palabra, le haya facilitado un bombero que acude a un incendio o un sanitario que interviene en un accidente de tráfico. Además, quizá, y de esto ha habido mucho, ha dado por válida alguna identificación con el EHNA, ese “carnet de identidad vasco” que hace algunos años sacaron los radicales para ratificar su abertzalismo. Y realmente todos ellos eran documentos suficientes, junto con el carnet del polideportivo o la identificación verbal, siempre, repito, que el agente lo estime oportuno.

Sin embargo no le sirve una identificación oficial del Ministerio de Interior de España, documento, si cabe, de mayor rango que su placa municipal de policía, expedida por el Ayuntamiento y, desde hace poco, uniformizada por el Gobierno Vasco. Repito, el policía está en la frontera de la infracción penal, que automáticamente se convertirá en un delito de detención ilegal si se lleva detenido al vigilante.

Pero hay más, ¿cabe mayor vejación, mayor falta de respeto que amenazar a un compañero, aunque tenga la desgracia de trabajar en el sector privado por la mitad de su sueldo, que amenazar con detenerle cuando ha sido él quien les ha avisado de la comisión de un delito? La indignidad es tal que, siendo yo policía, me pongo rojo de ira solo de comprobar el grado de incompetencia al que nuestro gremio puede, tristemente, llegar. Luego oigo hablar estos días de la falta de formación de la seguridad privada. Hablando de esto podríamos decir que, por ejemplo, la Ley de Seguridad Privada no está presente en los programas de estudios de la academia de la policía vasca. Curioso, ¿no? Sobre todo cuando hay miles de profesionales privados con los que tarde o temprano los policías vamos a coincidir porque trabajamos en lo mismo. Una muestra más de incompetencia de alguien al que pagan por pensar en algún departamento de interior.

El pasado 20 de noviembre la Sección Quinta de la Sala Contencioso-Administrativa de la Audiencia Nacional, dictó una sentencia avalando la validez de la identificación mediante el número profesional por parte del vigilante. Es más, habla de cosas tan justas como del derecho de este a la protección de sus datos personales y dice que no es legal que el número de la TIP coincida con el del DNI porque conlleva un riesgo añadido para los trabajadores de la Seguridad Privada y que se ha de proteger la identidad de estos en sus comparecencias judiciales. Además, alude al artículo 68 del Reglamento donde bien clarito se dice la documentación que ha de portar el vigilante, entre la que no se cuenta el DNI, y, en su párrafo segundo, impone al vigilante la obligación de identificarse con su tarjeta de identidad la cual, como figura en su propio cuerpo, es válida a tales efectos y sirve para acreditar su condición siempre que la naturaleza de sus funciones lo requiera.

Más claro no puede estar. Solo hace falta que se den las instrucciones pertinentes a los cuerpos policiales que aún siguen con esta práctica arbitraria y denigrante con quienes debieran ser considerados compañeros y, si cabe, tratárseles con más cariño por las circunstancias laborales en que desempeñan su oficio. Ah, otra cosa, desde el 2011 una orden del Ministerio de Interior también obliga a la policía a dispensar un trato “preferente y deferente” al personal de seguridad, apuesto a que tampoco se conoce.

A partir de aquí, recomiendo varias cosas: primero, la lectura del texto íntegro de la sentencia; segundo, dar un tirón de orejas a sindicatos de seguridad privada y pública así como a organizaciones profesionales por pasar del tema y tercero, que si es usted, amado lector, ministro, delegado o subdelegado del gobierno, consejero de interior, alcalde, concejal de seguridad ciudadana o mando policial, espabile, coño, y ponga orden en el asunto, que para eso cobra. Además, pongo deberes a los vigilantes: que compartan este post hasta la saciedad a ver si llega a donde tiene que llegar y entre todos ponemos un poco de cordura en la situación. Si les parece bien, claro.

 

Click para ver el texto íntegro de la sentencia:  sentencia-DNI-en-TIP

 

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SER O NO SER. Vigilantes y Agentes de la Autoridad.

La nueva ley no zanjará el eterno debate sobre la consideración de agente de la autoridad

La nueva ley no zanjará el eterno debate sobre la consideración de agente de la autoridad

Tema recurrente el de si los vigilantes deben ser o no agentes de la autoridad. Algunos nostálgicos, los viejos de la profesión, recuerdan que antes del 92 los guardas jurados tenían tal consideración y suspiran por su pérdida. Por otra parte, la nueva Ley de Seguridad Privada, que verá en breve la luz, devuelve en ciertos casos esta condición a los vigilantes y los comentarios van y vienen y, al final, parece que hay cierta confusión sobre el tema. En primer lugar cabe preguntarse qué es ser agente de la autoridad y para qué sirve.

Agente es el que hace algo por cuenta de otro con superior autoridad, ya sea la Administración, los jueces, etc. En este sentido, quien actúa investido con este carácter goza en su quehacer de una mayor calidad en la protección jurídica de sus intervenciones. Esta es la parte buena. Lo negativo es que, en caso de actuación estimada como incorrecta, el castigo para esa conducta se agrava precisamente por ser agentes de la autoridad. Como todo, tiene sus cosas buenas y sus cosas malas.

El proyecto de la nueva ley solo reconoce la categoría de agentes de la autoridad para los casos en que el vigilante trabaje bajo las órdenes de la policía. Más o menos se dice así en el texto. Hombre,  sin que esté mal que lo pongan por escrito, los tribunales en esos supuesto ya estaban realizando por la vía de las sentencias una extensión del carácter de agente de la autoridad para los vigilantes. Lógico, pues al estar los agentes privados subordinados y colaborando con los públicos, sus actuaciones quedan protegidas por dicho carácter, que se extiende a ellos. Por tanto, nada excesivamente novedoso aunque sí un tanto desconocido por los trabajadores de la seguridad.

Lo que no contempla la ley, y que hay quien echa de menos, es el ser agente de la autoridad cuando el vigilante actúe autónomamente en el ejercicio de sus funciones que, por cierto, es lo más habitual. Esto aún está lejos de contemplarse por el Ministerio de Interior para los Vigilantes.

Personalmente creo que el contemplar el carácter de agentes de la autoridad solo para los casos en que se actúe bajo las órdenes de la policía se queda corto. Y que el otorgar tal calificación como norma general para todos los casos y supuestos, se queda largo. Mayormente porque la actuación de los vigilantes suele darse sobre todo en el ámbito privado. A mi me parece más acertado un término medio, en la linea de lo que los tribunales han ido recogiendo para otros colectivos, como los médicos o los profesores, a los que ante una agresión se les considera como autoridades, cometiendo sus autores un delito de atentado a la autoridad. Cuidado, digo atentado a la autoridad, no a los agentes de la autoridad. A los médicos y profesores se les considera autoridades en sus respectivas parcelas. Yo extendería esa calificación al vigilante porque en su servicio, a falta de autoridad superior allí presente en materia de seguridad, debe considerársele a él como tal autoridad. Y esto no es gratuito ni exagerado porque será el que tenga la responsabillidad de que no se robe, no se agreda, avisar en caso de incendio u otra catástrofe, colaborar en las evacuaciones, avisar a asistencias médicas o prestar un primer auxilio, colaborar en la detección de artefactos explosivos, … y así podríamos seguir hasta la extenuación. ¿Les parece poco para considerarlos una autoridad en seguridad? A mi no.

Pero es que, además, las leyes están obligadas a cortar ese tiro al ganso en el que se ha convertido la presencia del vigilante en muchos sitios. Cualquier borracho, cualquier ladronzuelo, cualquier idiota, se cree con el derecho a increparle, a faltarle al respeto, a insultarle. Y eso no se puede permitir, se debe castigar en condiciones.

Claro que nada de esto hace falta si hacemos lo de los barrenderos de Noja que, ante unos

"Me partieron la pierna en tres cachos y se fueron de rositas a barrer las calles".

“Me partieron la pierna en tres cachos y se fueron de rositas a barrer las calles”.

jóvenes pasados de copas que les torearon, parece ser que les atizaron entre ocho o diez con las palas, los escobones y los rastrillos. A uno le han roto la pierna en tres trozos y es de suponer que no volverá a vacilar a un barrendero en lo que le queda de vida. Claro que no son formas. Al menos no para nosotros, profesionales de la seguridad, que estamos precisamente para garantizar los derechos de todos. Hasta de los idiotas.

Y otra cosa, cuando se actúa en calidad de Agente de la Autoridad hay que andarse con ojo, ya hemos hablado de las consecuencias de una mala actuación. Por tanto, las empresas y el propio profesional deberían hacer un esfuerzo adicional en la formación para evitar problemas.

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